Voces

Sol Iametti: poesía desde las profundidades

Sol Iametti (1986) escribe poesía desde la niñez. Su práctica poética es inherente a la forma en la que mira el mundo: para ella un paseo por la ciudad puede traducirse de tantas formas.

En la vida de Sol, hubo un encuentro con la escritura que lo cambió todo: un primer viaje a Europa. Allí escribió un diario de viaje que se convirtió en libro. Una compilación de detalles y recorridos, donde las ciudades hablaban del propio mapa interior. Se llamó La Hija del Cambio (Autores de Argentina, 2015) y fue el registro de un final y un comienzo.

En Fatale queremos hablar de Aledaña (Autores de Argentina, 2016), el diario azul. Un segundo libro que nació de otro viaje, esta vez por el Norte de Argentina y en el que puede leerse a una autora incursionando en su espiritualidad, en lo particular y lo común del ser. Habla de amor. Del océano. Del padre. Habla de la mujer. Aledaña es, sin duda,  un viaje a las profundidades.

Además, Sol escribe en Todas mis palabras, su página personal.

Viajar con esta poeta es conocer la suavidad y la pulsión en un mismo verso.

Es atravesar una hermosa tormenta.

 

ANATOMÍA DE UN RECUERDO

Le pregunto a papá

qué es una sístole.

Él no responde

porque ha dejado de latir.

He comenzado 

a escribir una carta

para todas las mujeres 

de mi árbol.

Le digo a mi madre:

Esta vez 

te escribiré de mujer-a-mujer.

Le digo al espejo

trazándome una boca  en el pecho:

Aquí te ha nacido 

un bosque azul.

Acepta la visita

de la fauna por debajo de la piel

cuando las olas del mar entre las piernas.

Acepta-te.

Sigo:

Ésta que eres,

y Artemisa y Kali

y las tres caras de Hécate,

vinieron a curarle la voz

a todas las mujeres  de tu árbol.

Le pregunto a papá

cómo se siente la muerte.

Él responde:

puente blanco-silencio de noviembre.

Y yo,

que sigo mirándome al espejo,

le cuento del idioma del bosque

y el misterio del océano;

le digo:

El amor es la muerte de la jaula,

papá.

Él dice:  Almendra.

Y Almendra...

Mis ojos de papel.

Tu tiempo

Mi tiempo

Nuestro tiempo es

HOY.

 

Para mi padre.

Para Luis Alberto Spinetta. 

 

RENACIMIENTO

Estoy gestando una revolución en tiempo presente: Única, providencial.

Tengo los puños cerrados y una ciudad en gestación.

Cuando la jaula pronuncie mi nombre, diré: Pompeya. 

Me encuentro de pie a orillas del volcán y abro los brazos. Aún no he estirado las manos por temor. Tengo miedo de que salgan mariposas de mis venas.

Me paro de cara al holocausto. Sólo me quedo con lo que es importante: el corazón. El latido anticipa el torrente de lava que ha de venir a limpiarme.

Sigo de brazos abiertos esperando la muerte de la máscara, del antiguo vestido que heredé de una mujer hecha misterio. Digo: Abuela, ya es hora de trazar mi camino.

Se han caído las vendas. El corazón es un músculo que se hace más fuerte después del eclipse. El corazón imita el color de la lava.

Siento la lava vibrar mientras mis huesos se preparan. Tiemblan los puños al ritmo del pulso. Rezan: Pompeya.

Se preparan los pájaros como se prepara el hogar que crece adentro. La bandada anuncia que la proximidad puede ser peligrosa, y a esto contesto: Pompeya.

Aunque mi carne se deshaga, seguiré temblando con el mundo a través de todas las mujeres. El cuerpo es el viajero, yo quiero ser la ciudad.

La jaula será mientras sean los puños. Repito: 

Vuelve al presente y enfrenta el volcán.

Vuelve al presente y enfrenta el volcán.

Vuelve al presente y enfrenta el volcán.

Viene...

Está viniendo...

Ya llega...

p o m p e y a.

REVELACIONES

Buenos Aires, Mayo de 2016

Me estoy volviendo música de muertos y fantasmas; notas de flores secas que decoran el otoño con anciana timidez.

Haz una quena con mis huesos; pertúrbame; téjeme despacio entre calles y arrabales hasta volverme una historia; tiñe mis manos de azul.

Me vuelvo palabra para llegar hasta ti y cantarte el ritmo de los bares, la espuma blanca, la voz de una mujer que está naciendo... Nace.

Vine a contarte el temblor subterráneo por debajo de los pies de una mañana en Buenos Aires, los corales que guardan fantasías de sexo y amor a las 2 de la mañana; el vaivén de la ciudad gris que me ha visto crecer. Vine a contarte la magia y la fe; el hechizo de luna; la pérdida de hogar y la partida de la madre.

Vine a cantarte el umbral de una casa íntima que comienza a nacer... Abre... El capullo que florece a pesar del temporal.

 




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