Voces

Inés Vecchietti: diario subterráneo

Siempre dibujó, desde niña. A los dieciséis años, Inés Vecchietti (1989) abandonó la escuela secundaria y un año después ganó dos becas de Bellas Artes. En aquella época, realizó varios talleres con artistas en una primera etapa de exploración profesional, y empezó a agregarle texto a sus dibujos. 

Tiene un talento y un estilo genuinos, a lo que ella responde: “Dibujo y escribo porque surge en mí una necesidad profunda de hacerlo, y yo simplemente obedezco a esa necesidad de transformar y materializar lo interno”.

A los veintiuno emprendió un viaje de cuatro años alrededor del mundo. Cuatro años en los que iba y venía y dejaba registros del camino en sus diarios. De aquellas bitácoras ha nacido su libro autoeditado artesanalmente ‘Para estar cerca de la magia hay que estar muy cerca de la tierra’. 

Planea hacer lo mismo con los diarios anteriores.

El trabajo de Inés puede verse en su página personal Sana Tigres

Aquí han llegado varios de sus textos. Algunos en forma de poema y otros en prosa poética, todos como parte de un diario de viaje que envuelve a quien lee en una ensoñación. 

Esta escritura nos parece esencial, a veces subterránea. Hay cuerpo y mente, muerte y reflexión. Pero sobre todo, intuición. Un ejercicio de escritura que tiene que ver con la esencia y con la libertad. Con la naturaleza y la adaptación a lo inevitable.

Leer a Inés es habitar un presente lleno de nostalgia y de imágenes bellísimas. Es como entrar en un universo de extrañeza y rebelión.

 

Dormí abrazada a una piedra
y soñé que se me incrustaba una estrella marina
en la mano o en la teta, y se lo mostraba a un hombre
que no le daba importancia.
Sólo bastaba llorar
para que se desprendiera.
Qué simples son los remedios,
agua caliente
y llanto
ahora que dejé todas las terapias, 
la psicología, la astrología,
para intentar explicarme. 
Sólo bastaba escuchar,
reconocerme.
Puedo estar sin parpadear
mientras me atraviesa una idea
por entremedio de los ojos
Es un truco que aprendí: 
quedarme abierta,
dejarlo irse.
Yo me despierto en mí
quizás me vaya a dormir con ellos
pero yo me despierto conmigo.

*

Tengo ganas de avanzar muy despacio, 

tragándome de a poco el día a día
Adentro está caliente, y afuera helando
La comunicación a distancia
Decidir si él entrará en mí o no


Soy nueva en el mundo, como si recién hubiese llegado
A veces me duele comer, 

y ahora siento que debería vaciarme
para recibir a alguien nuevo
Pero soy yo la nueva en este cuerpo
y me siento tan tranquila 
que me da miedo

*

Ayer me sentí seca, me sentí sola. Me dejé sola.

Creí que tenía que ser como él para que me quieran. 

Creí que él era yo, y que yo ya no existía.

Creí que el Sol me iba a matar.

 

Yo quería ser invisible. No tener cuerpo. 

Que me confundan con un ángel.

Yo vi pasar el tiempo en manos extrañas. 

Me vi dormida bajo el agua.

Me forcé a ser triste, agresiva, sumisa, seductora, distante, divertida, sexual.

Me entrené para ser espiritual, pura, y me quemé la lengua.

Me instruí para que no se den cuenta de que no sé nada, de que no les entiendo cuando hablan. 

(Porque yo ya no hablo: yo aliento, yo descalza, yo aguda.)

Que no sepan, que no se den cuenta de que yo los veo, pero que ya no sé si ellos existen.

 

Cuando yo fui un otro, 

cuando se me había metido un otro tan adentro, cuando el viento interrumpió la casa y todos se fueron asustando,

a mi cuerpo lo protegió una oración inventada.

Rugir fue rezar.

 

Ser humana me buscó, aunque yo deseaba ser planta, dragón imaginario.

Me buscó encarnar, vísceras, músculos.

 

¿Dónde empiezo, y dónde terminas?

En el centro de la montaña verde, en la punta de mis dedos, en dejarme vivir la muerte.

 

El perfume del autocuidado y la inocencia.

Yo sola dejándome sola.

*

Tomar agua caliente para disolver ideas
Investigar la nueva poesía interna
Aceptar, este no es mi lugar.
El cielo y el celo
¿Cuál da miedo?
Entré para saber si ahora estabas bien
Yo ahora, liviana en el agua
Entré para verte
Quise entrar yo por una vez dentro tuyo
Por una vez, última única vez.
Parece que sólo basta con que lo nombre
para que se destruya.

*

Llegamos de noche y conocemos a Ozan, su nombre significa poeta. Viajamos hacia el sur, donde el frío es lo menos crudo posible. Cuando llegamos a Kaya Köy, mi corazón se vuelve a encender.

Él nombra a una flor con mi nombre. Dormimos abrazados creando calor.
Una vez me entrego tanto al abrazo que siento mi cabeza asomarse a otra dimensión. Conocemos a Mutlu, su nombre significa feliz.
Un día presenciamos un incendio, él me dice: -Todo se puede acabar tan rápido.

Plantas de romero silvestre y narcisos. La abuela prepara un remedio casero con las semillas del laurel.
Una noche nos metemos a uno de los templos de la ciudad griega abandonada que rodea al pueblo, y cantamos a oscuras.

Un gato grande y naranja me busca justo antes de partir, sabe algo acerca del equilibrio que a mí se me escapa. Cómo abrirse tanto, para después saber separarse.
Escribo: “No hay futuro, somos libres”

*

Ayer a un embrión de lagartija bajo tierra (no lo vio). Partió su cascarón en dos con la pala. Y hoy a una gallina le aplastó el cuello intentando que vuelva de su escape. Ellos se dejan vivir, vivir la muerte. Ayer adentro mío mi mamá, encima mío la luna llena, junto a mí el fuego. Me desperté irritable y soñé con la tristeza de un hombre. Ayer cocinamos y tomamos San Pedro. Una respuesta fue tan simple que me hizo reír. La otra noche me acosté y me dije “estoy sola, ya estoy sola”. Ayer mirando las visiones en las nubes. Todo este tiempo limpiando la basura espiritual que me hizo sentir protegida. Ayer mi pecho abierto, suave, claro, amoroso. Mi mamá en las estrellas. Hoy buscando un lenguaje propio. Buscando islas en el Pacífico que se hundirán. Repaso mis planes, nada sirve. Sólo el amor que es sincero. Ya el futuro se volvió algo irreal, algo con lo que no cuento. Ya estoy sola.

*

Estar en el sol, por el alimento. En la luz. No me pertenece escribir, es sólo un lugar que visito. 

Una forma redonda de decirte: te apagas. Ya no palpitas dentro mío. Escalera, sube y baja. 

No desapareces, te evaporas. Te vas acortando: primero tus pies.
Me escondo este momento porque duele, y también porque duele lo cuido y lo abrazo. 

Lo lleno de besos. Lo que duele, cuadrado con puntas debajo de la piel. Cuadrado queriendo encajar. Cerebro lleno de nudos unidos. Siempre descubro cariño al final de los pensamientos.
Escribo un camino amarillo tierra que hoy soñé. Yo sé que también estoy ahí ahora. Múltiple. Ramificada. En otra dimensión mis brazos crecían, se creaba un puente. Amanecía despacio, por horas. Era parte, una parte de aquello. 

En la dimensión de arriba escondida. Ellos me miraban como una familia, brillando, coloridos. “Queremos los ojos para amarte”, detalles. Estrellas amigas avanzando por la garganta. 

Cuando soñé que nos reencontrábamos y tu cara era dulce. 

Los escalones de mi mente, uno tristeza, uno entereza. Todos. Estoy en todos.

 




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