Ideas

La alegoría del lago o cómo explica una gallega el humor

(Basado en los textos de Celstino F. de la Vega)

Carmen Conde

Estás en una barca en el medio de un lago. A partir de este momento, vas a estar subido a esa barca todo lo que dura la lectura de este artículo. No sé cómo son los lagos de tu imaginario, pero estoy convencida de que tienen orillas. De acuerdo, hasta ahora vamos bien. Lo que no te he contado es que si miras a tu derecha vas a ver un bosque oscuro, invadido por la niebla y por las bestias. Si miras a tu izquierda, vas a ver un páramo con carpa de circo, a juzgar por las carcajadas, en plena función. Pero no te muevas, sigues en la barca. Puedes ver, desde tu nada fácil posición, que de cada lado el agua de dos cascadas cae con furia en tu lago. Sin embargo, no es algo que te agobie, solamente te mantiene en tensión. Y me explico: hasta tu barca llegan apenas unas onditas que la sacuden, que la mecen en movimiento armónico. Debajo de ti las dos aguas se mezclan. Y sí, una es agua del bosque oscuro. La otra, agua que llega del páramo. Tienes remos en tu barca, pero hay algo que debes saber: no puedes tocar ninguna de las orillas. Podrás acercarte a una o a otra, pero nunca tocarlas.

Hablemos ahora más claro. Lo que no te he dicho es que estás flotando en aguas del humor. Que ese bosque oscuro es la tragedia, que ese páramo circense es la comedia. Y que el esfuerzo que estás haciendo tú al mantenerte en pie entre dos aguas, es un verdadero afán por no perder la cabeza, por no darte por vencido, como nos explica el intelectual gallego Celestino F. de la Vega.

Imagino que este es el motivo por el que en realidad hay tan pocos humoristas verdaderos. La tarea no es sencilla. 

Mira, no puedes remar hasta el bosque oscuro y adentrarte. Te explico por qué. Ese bosque es una situación a la que el hombre no encuentra respuesta razonable. Pero es aún mucho más. Recuerda, ese bosque es la tragedia. Y, en palabras de Marcuse, trágico es "que el hombre sucumba en el camino emprendido para escapar al sucumbir". No, no puedes entrar ahí, porque la tragedia, amigo de la barca, no es labor del humorista, aunque sea ingrediente fundamental de su receta amarga. Ante la verdadera tragedia el humorista calla. Es incontestable. No, mentira, sí hay una reacción: el llanto.

Y no, tampoco puedes remar hasta el páramo circense y colarte en la función. Porque, aunque te parezca increíble, ese páramo también es una situación a la que el hombre tampoco encontró respuesta. Por más que el ser humano sufra en la tragedia, por más que sea un bosque durísimo de transitar, te contaré un secreto: el páramo de la comedia es más complejo todavía. Hay dos tipos de comedia, la objetiva (donde el ridículo está en la situación en sí misma) y la subjetiva (donde el ridículo se encuentra en la respuesta de un individuo que no comprende el contexto que lo rodea, que es un "provocador ingenuo"). La comedia, amigo, también es incontestable. Tampoco ahí tienes nada que hacer, querido humorista. Porque la única reacción es la risa. Y nadie más enemigo de la risa que el verdadero humorista (Celestino dixit). Aunque vas a necesitar la comicidad tanto como la tragedia.

Quédate en tu barca. Respira hondo y piensa. A ti llega agua de los dos lados. Eres la única persona en todo el paisaje que puede ver al mismo tiempo ambas orillas. Porque nadie en el bosque alcanza a ver el páramo. Nadie en el páramo alcanza a ver el bosque. Pero tú no sólo ves los dos lugares, sino que además recibes sus aguas y tu pequeña, diminuta nave, baila a su son. Ni llanto ni risa son para ti, humorista. De la mezcla de esas dos aguas, de tus palabras, resultará la sonrisa. Ahora te explicaré por qué. Pero recuerda, ya te dije antes: lo que estás haciendo es un verdadero afán por no perder la cabeza. Y eso implica encontrar respuestas. Y eso implica no reír y no llorar. Así que insisto: respira hondo y piensa. Y observa, sigue observando. Lo estás haciendo muy bien.

No voy a dejarte sin opciones ni herramientas. No es mi estilo. Es necesario que sepas que la tarea es ardua y complicada, pero no imposible. Es necesario también que sepas que te sobra habilidad para aprovechar todos los recursos que tienes a tu alcance, aunque así, en un planteamiento inicial, te parezca una situación hostil y no termines de comprender qué haces en esa barca. Cómo llegaste ahí. Pero es probable que hayas nacido ya en ella. Ser humorista, es una actitud ante la vida. No sé si se aprende. Yo creo que se nace con ella. Así que sí: naciste en una barca en mitad de un lago al que cae agua de dos cascadas tan opuestas que por momentos parecen iguales. Puede  darte la sensación de que en semejante situación, muy libre no eres. Pero no te equivoques. Naciste a cielo descubierto. El lago es inmenso y entre esos dos extremos que no puedes tocar tienes aguas de todas las calmas y tribulaciones. Lo que te sugiero es, simplemente, que no te pongas extremista. Y que te acuerdes, cada vez que tengas ocasión, de que eres el único capaz de ver el anverso y el reverso de la misma situación al mismo tiempo. Nada puede hacerte más libre que eso. Tu labor, tu equilibrio, nos hacen falta, barquero. Lo que haces nos sana.

Aquí te entrego la primera herramienta: la ironía. Pero no de cualquier tipo. No todas nos van a ayudar en nuestro afán por mantener la cabeza. Necesitamos la ironía romántica. Esa es la que te va a permitir estar participando de ese paisaje en panorámica. Ser parte activa. Y al mismo tiempo alejarte de ti mismo para alcanzar la objetividad necesaria. Schlegel creo que lo explicó mucho mejor: "la ironía es la única forma por la que aquello que parte o tiene que partir del sujeto se separa de nuevo de él de modo más determinado y adquiere objetividad". La ironía es magia. Sólo cuando te desentiendes de un objeto, puedes escribir bien sobre él. Lo cual, en sí mismo, ya suena irónico.

Tengo más herramientas. Esta, tal vez, no te la esperas: el lirismo. Verás, el humor es fruto de una época. En esto profundizaré en un rato. Pero parece que poesía y humor desembocan continuamente en la era moderna la una en el otro. Y eso es maravilloso. Tanto, que voy a usar las palabras de otro gran intelectual gallego para hablar de este fenómeno de forma diáfana. Para que las uses luego a tu antojo. Esto es lo que dijo Ramón Piñeiro refiriéndose al humorismo de su tierra: "Entre nosotros [el humor] tiene una honda relación con el lirismo, pues nace, de una experiencia radical del hombre: el sentir los límites de lo individual. Cuando el sentimiento de esa limitación lo experimentamos frente a la naturaleza, surge la soledad y, de ella, el lirismo; cuando el sentimiento de nuestra limitación individual lo experimentamos frente a los demás hombres, surge la conciencia de nuestra debilidad y, para encubrirla, nace el humorismo. [...] Lirismo y humorismo son dos cargas, dos actitudes de una misma experiencia. Pero si ambas parten de una misma experiencia -la limitación individual del hombre- ambas afirman también una misma realidad: la independencia, la libertad de ese ser individual".

Tienes agua de dos cascadas y dos herramientas. Todo binomios. Ambos poderosos. ¿Y sabes qué? Al final, tu arma más poderosa será no rendirte. 

Dejé párrafos atrás algunas preguntas sin contestar. Por ejemplo, ¿por qué para ti la sonrisa? Verás, antes te contaba que la risa es patrimonio de la comedia y el llanto de la tragedia. Esos lugares impenetrables para ti.  Tengo que acudir de nuevo a las palabras del sabio Celestino F. de la Vega para contarte qué sucede con ambas reacciones. En esta ocasión, traduzco al autor gallego que, a su vez, nos explica el punto de vista de Plessner: "Plessner considera que en una ocasión o motivo de risa o llanto hay algo común y decisivo: el hombre, en esos casos, se enfrenta con una situación sin posible respuesta normal o sólita. Puede ser que la situación objetivamente tenga respuesta, pero quien, delante de ella, ríe o llora, estima que no la tiene. Eso precisamente es lo que denotan, lo que dan a entender la risa y el llanto. Llanto y risa son, pues, modos peculiares de responder a situaciones que se estiman irrespondibles. He aquí su carácter extraño y singularísimo: expresan una situación anómala, una situación límite dentro de las posibilidades de la conducta humana".

Sí, ahí está de nuevo. La palabra "límite". Eso que sólo filósofos y exploradores se atreven a buscar. Bien, tenemos un nuevo invitado al baile: los humoristas. Y efectivamente, buscas los límites, las orillas, pero no los tocas. Tienes clara cuál es tu misión: buscar respuestas y no perder la cabeza. Y fíjate bien: el llanto y la risa suceden cuando parece que no hay solución. Definitivamente no son para ti. Tú no vas a detenerte en tu búsqueda. 
Sin embargo, la sonrisa es un no abandonarse. Porque sí, cuando lloramos o reímos, nos hemos dado por vencidos. Rendirse es humano. La comedia y la tragedia lo son. Pero la sonrisa es lo que pasa cuando comprendemos. Creo, de verdad creo, que el gesto de quien comprende es ese. Tal vez por la empatía, vaya uno a saber.

Para ti toda realidad tiene dos caras, las percibes con nitidez extraordinaria. Cada vez que tu barca se acerca demasiado a la orilla de la tragedia o a la de la comedia, sabiendo como sabes que no has de tocarlas, usas aparejos que tienes a mano en tu barca: los atenuantes. Los atenuantes son todos los recursos formales que tienes la capacidad de utilizar para que inmediatamente la embarcación se aleje de la orilla y finalmente poder sonreír. Por eso, detrás de ese gesto hay cierta tensión. Hay un "mírame y no me toques" en relación con los límites. Hay un mantenerse a flote, no perder la cabeza y siempre, siempre comprender y tener una respuesta. Ya lo hablamos al principio: nadie dijo que fuese tarea fácil.

Pero mira, tal vez nos estamos moviendo demasiado en un ámbito poco firme (obviamente, estás en el agua). Voy a ofrecerte ejemplos explícitos para que alcances a entender. Y lo digo como si yo fuese alguien capaz de explicarle a un humorista en qué consiste su labor. Nada más lejos de la realidad. Nada, de hecho, más paradójico que una humorista tratando de definir algo que es honestamente indefinible. Se trata de una forma de enfrentarse a la vida que no acepta etiquetas ni jaulas de oro. Pero aquí estoy yo, acompañándote en este artículo y yendo contra natura. No me juzgues. Como bien ves desde tu barca, yo también tengo mi doble cara.

Voy a meterte en contexto. Porque si no me equivoco, también varios párrafos atrás te dejaba picando el anzuelo de que el humor es fruto de la era moderna. No sé cuán fácilmente podré desarrollar este punto. Pero creo que puedo ponerte en antecedentes. Antes los límites (esa cosa que ya conoces mejor que a un pariente, al menos en teoría) estaban muy claros. En la Antigüedad, sólo existían el bosque y el páramo. No había lago alguno. Luego surgieron las cascadas. Y sus aguas se alternaban. Unas veces caía la del bosque, otras la del páramo. A esto se le llamó "tragicomedia". La verdadera diferencia con el humor es que esas aguas jamás confluían. Jamás. Siempre se alternaban. Pero entonces llegamos a la era moderna. Donde esa alternancia no bastaba. Verás, según Heidegger, el fundamento metafísico de una época histórica sostiene y determina todos los fenómenos que la caracterizan. Esto vendría a querer decir que una época y todas y cada una de sus características deberán tener la misma esencia. En la era moderna el fundamento es la correspondencia subjetivismo-objetivismo. Y esa es también la esencia del humor. Y ahí, justo ahí, surgió el lago.

Mira, ni me lo digas. Todo este barullo de palabras no te basta. Quieres ejemplos claros. Normal, te entiendo, yo también los exigiría.

¿Sabes tu lago? Bien, pues es tuyo. Sólo tuyo. Cada humorista tiene uno. Si no a estas horas estarían tropezando unas barcas con otras y todo sería un lío. Harías muchos amigos, no te lo discuto, pero seguramente no harías tanto humor. 

El primero de todos los tiempos sólo podía manejar uno de los remos de la barca, lo cual no era en absoluto un inconveniente. Me estoy refiriendo a don Miguel de Cervantes. Desde luego no fueron españoles los primeros en reconocerlo como humorista, sino ingleses. Pero esa no es la cuestión. Piensa en don Quijote. Un loco soñador que sale al mundo para "desfacer entuertos" y tiene ocurrencias como pelear contra molinos, liberar galeotes pagando las consecuencias o tratar de defender a pastores para acabar recibiendo palizas. Don Quijote vive completamente ajeno a su contexto. Durante toda la obra hay ambigüedades, sinsentidos y contrasentidos. ¿Cabe la opción de reírnos de él? ¿Resulta cómico lo ridículo de su forma de actuar? No, en absoluto. Porque don Quijote está lleno de nobleza y altos ideales. Porque sólo podemos comprender y sonreír. Porque cualquiera de nosotros puede ser, en algún momento, un quijote. Y aquí viene algo hermoso: la historia que nos narró Cervantes hace 400 años, sigue teniendo vigencia hoy. Independientemente del lugar y del tiempo. Porque habla de algo completamente humano y universal: los sueños y la libertad. Y se mueve todo el tiempo entre dos aguas; y usa sin parar la ironía; y tragedia y comedia mojan su barca. Hay una frase que amo de Don Quijote: "Cambiar el mundo, amigo Sancho, que no es locura ni utopía, sino justicia". Que alguien venga y me diga que esto no está lleno de poesía. Que el humor no te dibuja una reluciente sonrisa. Te diré que como humorista seguramente te desvivirás por defender antes a un loco que a un cuerdo. Te diré que don Quijote muere, efectivamente, cuando ya no habita en él la locura.

Sucedió que Cervantes tuvo que crear e inventar un código nuevo para hablar de lo triste, de lo ridículo, de lo irónico, de lo poético, de lo ambiguo... todo al mismo tiempo. Este código, querido barquero, es el humor. Por eso debemos tomarlo en serio.

El humor que nos legó don Miguel es el que llamamos "benévolo". Todo hasta ahora viene teniendo doble cara en este universo que te estoy pintando. No va a ser menos con tus aguas. Verás, humorista. Según en qué dirección manejes tu barca, hacia una orilla o hacia la otra, hacia el bosque o hacia el páramo, las aguas tendrán un color distinto. El humor benévolo vas a encontrarlo cuando tu barca esté próxima al páramo. Y cuando pongas todos tus esfuerzos y empeños en cortar la corriente de agua que desde él llega hasta el lago. El humor benévolo es la intención de obstruír la risa, casi siempre a través de una implicación sentimental con aquello que la comedia simplemente ridiculizaría. Haciendo noble la causa de lo ridículo, tal vez. Del mismo modo en que Cervantes se hizo cómplice de don Quijote para protegerlo de la carcajada. 

Y así como sucedió con Cervantes, tenemos ejemplos de humoristas que hicieron esfuerzos maravillosos por obstruír la comedia: Charles Chaplin con su personaje Charlot, el vagabundo torpe, ingenuo y bonachón que siempre está fuera de contexto. ¿Alguien recuerda la película La Quimera del Oro? En medio de brutales montañas nevadas, junto a brutales buscadores de oro, allí está Charlot. Compartiendo uno de sus zapatos recién cocinado y chupando cada clavo de la suela como si fuesen espinas de pescado. Comiendo los cordones como la mejor pasta casera. Completamente fuera de lugar, para empezar porque en realidad él es un tipo soñador, un romántico. Llega a olvidarse de la fiebre del oro. Pero es que Charlot, en medio de tanta hostilidad, se ha enamorado. Cómo vamos a ser tan inhumanos de reirnos de eso. Sonreimos. Claro. Es más, en los títulos iniciales, Chaplin nos la presenta como "A Dramatic Comedy". Advertidos quedamos.

En América Latina, acudiendo al humor gráfico, nos saluda Quino, desde su barca en Buenos Aires. Mafalda es el perfil evidente de provocadora ingenua. Llena de ansia por lograr un mundo mejor, deja siempre a los adultos sin respuesta ante sus planteamientos hechos desde la inocencia y la pura observación de la realidad que la rodea. A diferencia de los otros dos ejemplos, ella no actúa de forma ridícula, el procedimiento que funciona aquí es el de la evidencia. Mafalda no es más ni menos que una niña que, al inicio de la tira en el año 1964, tenía 4 años. Sus sentencias demuestran lo poco que nos cuestionamos el sistema. Lo poco que indagamos los por qués que tanto perseguimos en la infancia y que tanto abandonamos al crecer. Ella está también fuera de contexto, pero porque busca respuestas. Porque pone verdades incontestables sobre la mesa. De las que los adultos no queremos ver y de las que no nos molestamos en averiguar. Lo que nos provoca una sonrisa aquí es una vez más la comprensión y tal vez la reacción que genera su punto de vista del mundo. Que debería ser tan evidente y que sin embargo nos incomoda en cuanto se verbaliza. Pongo como ejemplo una viñeta que, a título personal, me parece demoledora: mientras la madre de Mafalda lava montones de ropa, la niña se le acerca y le hace una sola pregunta lapidaria "Mamá, ¿qué te gustaría ser si vivieras?".

De nuevo, como Cervantes y como Chaplin, Quino creó una obra universal que sigue funcionando más allá del transcurrir del tiempo. De nuevo, la protagonista es alguien idealista que, en esta tarea de buscar respuestas se parece, por cierto, mucho a un humorista. Por eso, insisto, la sonrisa.
Este es el humor benévolo. Lo que no te he dicho es que para cortar el agua que cae del páramo vas a tener que poner el corazón. Hasta ese punto te tienes que implicar con tu criatura. No te va a doler, más allá de lo sanguinario de la imagen de arrancártelo del pecho y ponerlo como obstrucción de una cascada. Pero es que así es como se hace.

Sin embargo, a medida que te aproximes a la orilla del bosque, y veas el agua turbia que cae de ahí, el método que necesitarás usar para que deje de manar y llegar hasta ti se aleja por completo de cualquier vinculación sentimental. Tu misión es distanciarte de las víctimas de la tragedia. Para ello, retira el corazón, haz como si no lo tuvieras, te recomiendo que te lo arranques también, pero no para obstruír la cascada, sino para que lo arrojes a la oscuridad del bosque, lejos de ti y todo sea más fácil. Usa en mayor grado la ironía, quita nobleza y dignidad a tus protagonistas y a su conflicto. Deja que se seque el caudal. Te cuento que todo tu esfuerzo y todo tu empeño por sacar adelante esa labor se llama "humor negro".

Y no, tampoco esto es sencillo. Vas a tratar de no entregarte a la tristeza y al dramatismo y para ello necesitarás mofarte de todo eso hasta caer, incluso, en el sarcasmo. Es, aunque opuesto al humor benévolo, otra forma de equilibrio. Este esfuerzo, barquero, a veces resulta doloroso. Pero es una manera de no perder la cabeza. Y a eso hemos venido.

El ejemplo de ese tipo de humor en España lo tenemos en Quevedo, poeta padre de la risa desesperada, de la burla del dolor. Sin embargo, quisiera hablar de Valle- Inclán, escritor gallego creador del esperpento. El esperpento es el esfuerzo por caricaturizar a los falsos héroes, por desenmascarar las falsas tragedias. Según el Diccionario de la Real Academia Española, es el «Género literario creado por Ramón del Valle-Inclán en el que se deforma sistemáticamente la realidad, recargando sus rasgos grotescos y absurdos, a la vez que se degradan los valores literarios consagrados; para ello se dignifica artísticamente un lenguaje coloquial y desgarrado, en el que abundan expresiones cínicas y jergales». Nace en 1920 con la obra teatral Luces de Bohemia.

En la obra se cuentan los últimos días de la vida del poeta ciego Max Estrella, vinculado profundamente con la bohemia madrileña. Aparece una personajería propia de bajos fondos culturales y sociales, en una España miserable sin valores morales, en la que por supuesto las figuras más oficialistas carecen de ética.

"MAX: Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada."

Casi cien años después, te comento así entre tú y yo, es una lástima comprobar la vigencia que conserva esta obra.

Disculpa que te insista un momento con autores gallegos, pero es que verás, aquí somos más de la orilla del bosque. Y tengo muchas ganas de que nos conozcas bien. Voy a presentarte a uno que vivió en la infancia y hacia el final de sus días en Argentina. Para nosotros, nuestro intelectual más importante. Hablo de Alfonso Daniel Manuel Rodríguez Castelao. Político, humorista, dibujante, caricaturista y escritor. Fue médico también, pero por lo que él mismo dijo, nunca ejerció por amor a la humanidad.
Esta figura se merece todo un monográfico. No me estoy esmerando ni un poquito en disimular mi devoción. Pero voy a abordar aquí muy superficialmente el asunto que nos compete: el humor. Aún con todas las áreas que abordó en su vida Castelao, me voy a atrever a aseverar que el humor no le faltó en ninguna de ellas. Yo voy a aproximarte el ejemplo de humor negro descorazonador que más me sigue gustando del autor. Hablo de Cousas, un compilado de relatos muy breves, cargados de tristeza y amargura, que retratan la sociedad de los años 20, obligada a emigrar, a padecer miserias y a regresar sin nada, a veces. Cada relato va acompañado de un dibujo del mismo autor. Y dibujo y narración son de pocos trazos. Pero suficientes. Ambos cargados de lirismo. Donde lo espiritual y lo popular se mezclan. Y sí, efectivamente, con humor negro como única respuesta al dolor.

Una de las historias se titula Vou contarvos un conto triste (Os voy a contar un cuento triste) y narra la escalofriante historia de una mujer que, llena de ilusión por ser madre, pierde a un hijo tras otro después de casarse. Pero lo que hace con los hijos perdidos es meterlos en frascos de aguardiente y poner el nombre y la fecha por fuera. El narrador repite hasta tres veces "Non vos riades, porque o conto é triste"(No os riáis porque el cuento es triste). La mujer cuida con maravilloso esmero estos frascos y vuelca su mimo y amor en ellos. El remate final llega cuando a una de las criadas de la hidalga se le cae el "hijo mayor" al suelo y se rompe. 


La tristeza de la historia narrada es tanta, que lo único que puede hacer el humorista es poner distancia. Esto dice de él el ya tantas veces mencionado Celestino F. de la Vega: "traduce una inmensa ternura, un terrible asombro y sorpresa por el descubrimiento de la crueldad del mundo. Castelao es un grande y típico humorista: el fondo verdadero de su alma está lleno de inmensa ternura, sostenida, insertada en la vida, con el disfraz, con la máscara de la comicidad."

De algún modo, al recordar este cuento de Castelao, volvió a mí por asociación el relato del cubano Guillermo Cabrera Infante Madre no hay más que una. Esta historia, basada en un malentendido epistolar y de envase, parte de una situación en la que el protagonista, que vive en Cuba, pide vitaminas a sus parientes exiliados en Miami para su esposa enferma. Semanas más tarde llega un frasco de "vitaminas en polvo" cuyo contenido aclara el hermano que las envía cuando éste ya ha sido consumido. Se trataba de las cenizas de la madre del protagonista. Que después de arrancar el relato diciendo que una esposa nunca será una madre, lo termina aseverando que su mujer se comió a su mamá. Una vez más la sonrisa como respuesta. Este relato, además, nos muestra las miserias de la Cuba del momento como telón de fondo. Con distancia, sin parecer implicarse, como si no les diese importancia.

Vayamos ahora al cine. Quentin Tarantino y sus fulminantes diálogos, las situaciones violentas y grotescas, lo marginal y miserable puesto sobre la mesa, defendido con inteligenia punzante. Podría referirme a cualquiera de sus títulos. Tarantino tiene sello personal desde sus inicios. Nos pone frente a personajes despreciables, de moral ambigua, dudosa o directamente ausente. Y cuando podemos sentir el odio y la falta de valores, cuando ya se nos encharcó de sangre la retina, de repente se da una situación que nos recuerda que incluso los tipos más carentes de ética son personas. De repente, sí, nos planta una sonrisa. Los límites de la historia, del ser humano y del propio espectador todo el tiempo puestos a prueba. Pero sirva un ejemplo:

En la película Pulp Fiction hay dos personajes que son ya un icono pop: Vincent y Jules. Interpretados por John Travolta y Samuel L. Jackson. Son dos mercenarios que trabajan para Marcellus Wallace. Hay una escena en la que van en coche a encontrarse con su jefe, después de haber recuperado un maletín. En el asiento de atrás llevan a un rehén, Marvin. Vincent y Jules van hablando hasta que terminan discutiendo y a Vincent le parece buena idea pedirle una opinión a Marvin, que se quiere abstener de opinar. Lleno de vehemencia, Vincent le reitera que uno debe tener una opinión, cuando, sin querer, se le dispara el arma y le vuela la cabeza. Entonces sí, uno puede ser despreciable, pero es que si es tan torpe, aunque haya matado a un ser humano, pues mira, el espectador le perdona. Así es el humor negro. 
No puedo pasar por aquí sin mencionar a los Monty Python. Este estandarte del humor británico nos conquistó primero a través de sus sketches televisivos en Monty Python's Flying Circus. Con esta irrupción en la pantalla chica tiraron abajo los esquemas televisivos conocidos hasta el momento. Pero el ejemplo que quiero poner guarda vínculo con una de sus más célebres películas: La vida de Brian. Hay una escena en la que van a lapidar a un hombre por herejía. Lo acusan de haber dicho el nombre de Dios en vano. De haber dicho, en concreto, Jehová. La escena es imperdible de principio a fin. Para empezar, y dado que las mujeres no pueden asistir a las lapidaciones, hay mercaderes de barbas. Por supuesto también hay mercaderes de piedras. La prisa que tiene el grupo de gente (principalmente mujeres con barba falsa) por tirar la primera piedra hace que interrumpan al propio juez, que empieza a tratar a la gente como a niños. La masa no duda en señalar con el dedo a quien se adelanta tirando una piedra, mientras el tipo al que van a lapidar repite unas cuantas veces más la palabra Jehová. Una de las mujeres con barba le dice al juez "ha dicho usted Jehová", así que le llueven piedras a ella. Finalmente el juez, que quiere poner orden, prohibe que se pronuncie la palabra Jehová y, al pronunciarla, es lapidado. 

Con esta sencillez se nos ponen de manifiesto en un instante las ansias de juzgar al prójimo y de, además, hallarlo culpable. Una película que se inspira en los tiempo de Cristo y que es escandalosamente vigente en la actualidad. Por eso mismo cumple tan bien ese rasgo del humor que es la universalidad.
Sí, me he detenido un rato largo a darte ejemplos, pero es para que sepas por qué de forma natural tu barca va a irse hacia una orilla o hacia la otra. No lo vas a elegir. Porque insisto, el humor es una actitud ante la vida. Entonces no sólo vas a escribirlo, vas a comportarte en esa clave. Tenderás hacia la benevolencia o hacia la oscuridad, dependiendo de cuál sea la inclinación de tu espíritu. Ambas, aunque opuestas, son tensiones que hay que lograr mantener.  La primera, para evitar la risa. La segunda, para evitar la tristeza.
Hazte dueño de tu lago, barquero, conoce tu estilo de navegación. Y recuerda que, aunque la tuya es una labor que exige mucho esfuerzo, va a hacernos falta a todos. Porque todos necesitamos respuestas para no perder la cabeza.

Mantén presente que a tu servicio quedan la subjectividad, la ironía y todos los precedimientos y recursos expresivos. Que los límites son tu bandera, la ambigüedad tu patria y el lirismo tu esperanza. Que comedia y tragedia han de quedar a tu servicio. Que a la primera has de ponerle corazón y a la segunda has de arrebatárselo. Y por último, no olvides nunca que tu gesto es la sonrisa.

Gracias por haberme dejado charlar contigo, humorista. Hasta otra.




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