Ideas

Acerca de la fragilidad del pensamiento

Leandro Sabatini

“Importa poco no saber orientarse en una ciudad. 

Perderse, en cambio, en una ciudad 

como quien se pierde en un bosque, 

requiere aprendizaje.”

Walter Benjamin,

Infancia en Berlín hacia 1900.

 

01

Desandar un camino. 

Como si la historia de los conocimientos hubiera sido crear muros y edificios, organizar las vías de circulación de la información, calles de ida que se disponen lineales y están repletas de señales, advertencias y semáforos que reglamentan el paseo. Ciencias y discursos construidos en función a las ideas de orden y progreso que supo nacer Augusto Comte. 

Y como si frente a eso el desafío de cualquier mirada compleja fuese desandar el camino. Aprender a perderse.

Hacer de la ciudad un bosque. Rizomar, mixturar, contagiar. 

Complejizar el pensamiento. Singularizar la mirada.

 

02

«El amor por principio, el orden por base, el progreso por fin» reza uno de los estandartes que postuló Augusto Comte (1798-1857) en el texto que dio forma al positivismo. 

En ese marco, bajo el supuesto de las mejores intenciones (el amor por principio), nacen propuestas basadas en modos de funcionamiento y orden social que facilitarían y potenciarían el progreso. 

Propuesta que incluyen las formas de una sociedad deseable, atravesada por cierta idea de medición y normalidad, y también los modos de disponer del tiempo, introduciendo la idea de progreso y eficacia. 

Propuestas que se caracteriza por transpolar la metodología de la ciencia natural al campo de lo social. Una ciencia natural, cabe aclarar, todavía mecánica y causal. Y que en esa época se encuentra retroalimentándose con una revolución industrial que se está ebullicionando ciertos territorios europeos. 

Aunque la leyenda ordem y progresso, inscripta en el globo celeste que ondea en la bandera brasilera, da cuenta de las influencias que supo tener el positivismo en nuestras tierras, sus influencias mantienen, hoy, una camuflada vigencia y actualidad. De todas ellas, buscaremos mínimamente explorar la noción de verdad que  el positivismo presenta. Una verdad que se pretende objetiva, medible, observable y causal.

 

03

Pretender, como supone el positivismo, la posibilidad de acceder a la verdad genera muchos riesgos. A esa verdad. La que se escribe en singular. La que puede escribirse en mayúsculas.

Principalmente porque la suposición de esa razón permitiría conocer qué caminos necesitan recorrer otros para alcanzarla. Pretensión que respira etnocentrismo y violencia y poder y abusos. Imposición de modelos de gobierno, de religiones, de culturas. Aplastamiento de las diferencias. Normativización. Orden. Relaciones de poder que elevan ciertas miradas y descalifican otras.

Como contrapartida a estos sistemas que pretenden cierta totalidad, podemos situar, entre otros pensamientos, el de Nietzsche. Un pensamiento que, asumiendo cierta imposibilidad de dar una respuesta total, asumiéndose fragmentado, busca por medio de aforismos y metáforas dar cuenta de contradicciones y tensiones y grietas. 

Dice Nietzsche: «Todas las cosas derechas mienten... Toda verdad es curva, el tiempo mismo es un círculo». 

Como tratando de asumir una realidad poliédrica y polifónica, incapaz de captarse, necesitada de abordajes múltiples y divergentes. Como si pretendiera denunciar la existencia de cierta mezcla de arrogancia e ignorancia en muchos abordajes filosóficos y científicos. Arrogancia congénita, que subsiste en el supuesto simplista de creer que, mediada por alguna herramienta, la realidad es abarcable, medible y, por ende, predecible. Ignorancia heredada que olvida que cualquier mirada sobre la misma es un recorte; que la medición siempre dice más de la herramienta y del investigador que del mundo; que la predicción supone una linealidad causa-efecto y un control de variables que se contradice con la complejidad de lo humano.

Sin embargo, poco tienen estos tiempos de niezscheanos.  

En la actualidad, este positivismo sumado a una lógica del mercado que suele presentarse como capaz de ofrecer una solución empaquetada a cada problema. Soluciones que entran en un blíster de farmacia o se ofrecen en una góndola de supermercado. Respuestas de neurociencias que se pretenden científicas y específicas y vendibles y universales e instantáneas.

Respuestas que podrían sobreponerse a la voluntad del sujeto, a las tensiones sociales, a las condiciones económicas, a las posibilidades de las personas, a las herramientas de observación, a las opiniones sesgadas.

Los tipos de respuestas que le encantan a los noticieros, a las revistas científicas, a los curas, a los profesionales, a los políticos, a los tecnócratas, a los publicitas y a los perezosos. 

Respuestas que se pretenden antisépticas pero no hacen más que destilar olor a rancio y a odio y a sepsis y a putrefacción.

 

04

Otra vez Nietzsche: «Nuestro amor por la verdad se conoce más que nada en la manera que tenemos de recibir las verdades que otros nos ofrecen, entonces dejamos traslucir si realmente amamos la verdad o nos amamos a nosotros mismos.» 

Pensar, entonces, como quien duda. Pensar escuchando.

Oponerse a la linealidad y dejarse seducir por la linealidad de lo vivo y de los cuerpos.

Oponerse al mundo de las normas ISO, al del mercado, al del progreso, al de las neurociencias, al de la religión. Oponerse a ese mundo que avanza triturando lo lento, lo frágil, lo deforme, lo loco, lo tonto y lo enfermo que todos sabemos ser. Oponerse a un mundo que se nos opone.

Oponerse a ese pensamiento potente. Y permitirse la inconsistencia, la idiotez y el balbuceo.

Como si la fragilidad del pensamiento tuviera algo que ver con dejarse seducir por otras voces. Dejarse encantar por los cantos de las sirenas. Perderse en los mares y en las ciudades y en los libros y en los bares. Pretender respuestas vagas, fragmentarias. Buscar la errancia de las respuestas. Salir de viaje. Salir. 

Como si fuera parte de dejarse seducir por las preguntas. Saborearlas. No asfixiarlas con respuestas. 

O de pensar y escribir y vivir en gerundio. 

Estar pensando. 

Estar escribiendo. 

Estar viviendo.

 

 Comte, A. (2017). Discurso sobre el espíritu positivo. Madrid: Alianza Editorial

 Nietzsche, F. (1992). Así hablo Zarathustra. Barcelona: Planeta-Agostini

 Nietzsche, F. (1977). Aforismos y otros escritos filosóficos. Buenos Aires: Ediciones Andrómeda.




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